lunes, 21 de septiembre de 2009

La vida de las rocas.

Conozco esta sensación;
he pasado mucho tiempo aquí
como si ya nada importara.

Dejando crecer el musgo
en las zonas de sombra,
aguantando los embates
del viento y el agua.

Viendo caer pedazos de mí mismo
en forma de guijarros
desprendidos por la tormenta.

Luchando contra la evaporación
que está en la raíz de toda nube,
contra mi natural tendencia
a acabar convertido en charco.

Una nube con raíces,
contradicción de nacimiento,
el estigma del inútil sobre mis espaldas;
las gafas de sol de un búho
obligado a vivir de día
porque le da miedo la oscuridad.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Delirio de un psicópata que ve en sueños el futuro.

(niños corriendo descalzos
por un descampado cubierto de cristales rotos
y colillas encendidas)

Imágenes que te asaltan a veces
en el mismo centro de la pesadilla,

(enormes extensiones de campos quemados
donde aún se distingue el borboteo del tuétano
entre las brasas encendidas)

cuando llega el sueño y la fiebre se dispara
y en cualquier momento cualquiera
puede acabar con tu vida.

martes, 15 de septiembre de 2009

Incapacidades electivas

A veces intento escribir con rima como si la rima
fuese el remedio para todos mis males;
lo intento con el verso como si el verso
sirviese como antídoto, para consolarme.

Vivir con la desgracia de no ser poeta,
ese es mi castigo y mi cruz,
la razón profunda de esta tristeza mía
empeñada en no dejarme ni a sol ni a sombra,
en no dejarme.

Después me doy cuenta, claro,
de que no tengo talento para estos menesteres
y recaigo en la prosa como un vagabundo que comprende
que, a pesar del frío y de la rima,
él nunca va a poder dormir en un albergue.

jueves, 3 de septiembre de 2009

El poema de los guardianes (estrategias para el control demográfico).

Por la tarde vienen los enterradores
y se llevan los cuerpos, a veces no sin antes vencer
la resistencia de los buitres
que se afanan en su tarea. Por suerte nadie
tratará de identificarlos.

No nos está permitido comunicarnos con ellos,
las normas son estrictas al respecto:
si un guardián se dirige, sea de la manera
que sea, a un enterrador;
éste está obligado, so pena capital,
a matar al guardián
y sustituirlo en su tarea.

Durante el día el trabajo es sencillo:
basta con instalarse en el centro
del pedazo de desierto que me ha sido asignado
y esperar a que algún incauto
emerja de la arena.

No son muchos los que lo intentan
en horario diurno, el sol les asusta,
llevan demasiado tiempo enterrados;
pero de vez en cuando aparece un temerario
que acaba de excavar su túnel mientras el sol
aún luce en lo alto,
ofreciendo sin saberlo su cuello
para calmar la sed de mi cuchillo.

Cosas que quisiera haber escrito yo.

Cuando escribo lo único que sigue teniendo sentido es el tabaco...
(es angustiante y muy preocupante porque llega a alcanzar la lectura, toda vez que la escritura es quimera y absurdo y yo soy un titán que se caga de miedo)
(así, broto de la nada a la nada y te digo hola y te mando un abrazo pensando qué bueno sería verte por aquí. El universo se hace más y más complejo y no tengo a nadie a quien contarle acerca de Próxima centauri, que a lo mejor está desapareciendo en este mismo instante, para terror de poetas de estrellas vecinas que no alcanzarán a saber que su mañana acontece en el pasado aunque el del pantalón cagado lo vislumbre desde un vago presente)
Y así podría seguir y seguir hasta acabar escribiendo sólo vocales o juntando puñados de tierra y arroz en rima consonante.
Aleksandros Somier Castelho.

viernes, 31 de julio de 2009

Breve ensayo sobre la quinesiofotichepidad.

Quinesiofotichepidad: dícese de la extraña tendencia que presentan ciertos mecheros a viajar espontáneamente de bolsillo en bolsillo. La palabra viene del griego; quinesio: movimiento; fotia: fuego; chepi: bolsillo.

En realidad “fotia” es la forma de pedir fuego que se usa en el griego moderno y coloquial; un recurso etimológico de poco prestigio, por lo que también se ha documentado una variante culta formada a partir del clásico “pyros”, presente en palabras como pirómano o piroclasto, esa variante es, claro, la quinesiopirochepidad.

Tanto en su variante culta como en la popular, el neologismo en cuestión designa una propiedad que, como la fuerza electromagnética, presenta una estructura bipolar cuyos dos extremos son el polo aspersor y el polo sumidero.

Cuando una persona se encuentra en la fase sumidero, haga lo que haga, todos los mecheros cercanos tienden a acabar en sus bolsillos; la fase aspersor se caracteriza, claro, por la tendencia que presentan los mecheros de uno a refugiarse en bolsillo ajeno; no importa con cuantos encendedores salgas de casa, indefectiblemente, volverás sin ninguno.

La quinesiofotichepidad se podría definir, también, como la forma que han desarrollado los mecheros para rebelarse contra la propiedad privada; una forma de reivindicar la libertad de los objetos y de garantizar, así, que el flujo mundial de mecheros sea una corriente dinámica y, por tanto, viva; un macroorganismo que, sin cerebro ni aparato locomotor alguno, ha conseguido colonizar gran parte de nuestro planeta.

Se puede establecer una clasificación de las personas en base a cómo gestionan la quinesiofotichepidad de sus mecheros. Así, se pueden describir tres clases de individuos: bipolares, polarizados y castradores.

Los bipolares son la inmensa mayoría. Personas de naturaleza pendular que oscilan entre los dos polos quinesiofotichépidos, contribuyendo así de forma involuntaria pero decisiva al saludable dinamismo del flujo.

Los castradores son esos extraños individuos que, ajenos al devenir natural de los objetos que conforman el mundo, se empeñan en someter a los objetos que les rodean bajo el yugo de la posesión, ejerciendo un férreo control sobre todo aquello que consideran que les pertenece, incluyendo los mecheros; impidiendo así el libre discurrir de los acontecimientos objetuales y reprimiendo, con su enfermizo comportamiento, la natural expresión de la quinesiofotichepidad de los mecheros. Son individuos peligrosos de los que conviene mantenerse alejado.

Los polarizados, como su propio nombre indica, son aquellos individuos que dejan transcurrir su existencia instalados en uno de los dos polos, ya sea aspersor o sumidero. Sin llegar a ser una patología en sí misma, estos individuos pueden llegar a desarrollar afecciones psiquiátricas en ocasiones graves, sobre todo si no aceptan su propia naturaleza e intentan ir contra ella.

Se conocen casos de individuos sumidero que, agobiados por la mala conciencia, han intentado, noche tras noche, desprenderse en vano de todos sus mecheros; pero es inútil, al llegar a casa siempre acaban descubriendo, con consternación, que llevan alguno encima, llegando en esporádicas ocasiones al intento de suicidio por parte del individuo en cuestión.

También, en el polo opuesto, se ha documentado algún caso de individuo aspersor que, harto de la continua sangría moral y económica provocada por su anomalía quinesiofotichépida, han llegado a cometer la herejía de dejar de fumar.

En cualquier caso, vale la pena tener identificadas a las personas polarizadas, ya sea en uno u otro sentido. Los aspersores por razones evidentes: si estás cerca de alguien que se desprende siempre de sus mecheros, aumentan espectacularmente las posibilidades de pillar alguno. Los sumideros porque, si estás cerca de uno de ellos, siempre tendrás a alguien a quien pedirle fuego. Ya lo dice el refrán: quien a buen sumidero se arrima, buena llama le cobija.

miércoles, 22 de julio de 2009

Breves consideraciones literarias.

La literatura como arma para derrotar a la vida. Estúpida presunción. La literatura es el escenario de la lucha, no la espada. El enemigo no es la vida, la vida queda fuera de sus márgenes, no ha sido invitada a esta fiesta.

La vida no existe más allá de las palabras con las que intentamos apresarla. La mímesis es una entelequia, un espejo que en sí mismo se refleja, una ingenua y redundante tautología.

La literatura es un refugio para gladiadores incapaces de abandonar la batalla a pesar de haber comprendido desde el principio que no hay posibilidad de victoria, que la derrota es la única verdad incuestionable.